De la nostalgia

¿Quién no ha soñado alguna vez con vivir en alguna época pasada? La Francia de los artistas parisinos, La generación del 27, la Atenas de los grandes pensadores, el medievo o alguna otra fantasía.

Es normal que a veces enfoquemos nuestros pensamientos en sucesos anteriores, sobre todo cuando se es libre pensante, o se tienen aptitudes artísticas. Además, hay que tener muy en cuenta toda la información que se transmite a través del cine, donde nos presentan un pasado con hermosas historias de amor, paisajes preciosistas revestidos de personajes encantadores, o en ciertas ocasiones, algún que otro héroe que te hace emanar ese deseo de estar en una situación pareja a la que se nos muestra.

Pero las películas son sólo eso, un subconjunto de imágenes con una propuesta por parte de gente creativa. Si nos fuéramos a quien hace un cine más peculiar, más alejado de lo comercial, y que han tocado temas pasados, veríamos otro tipo de enfoque, posiblemente más cercanos a la realidad, puesto que las hazañas que se presentan en los ejemplos anteriores poco tienen que ver con la vida cotidiana de cualquier antepasado. Y si nos fijáramos más en cómo podría ser esa cotidianeidad es cuando podríamos acertar a valorar lo que somos actualmente y lo que podemos ser.

Tenemos a nuestro alcance múltiples opciones, y cada uno posee en cierta medida la libertad para poder hacer uso de ellas.

¿Una vida pasada?, ¿Cuál?, ¿Tal vez la de un esclavo que imploraba no ser fustigado cada día, o la de cualquier mujer que no representaba absolutamente nada y que en el mejor de los casos su único sino era casarse y tener hijos, algún contagiado por la peste o la tuberculosis quizás? Y no habría que ser tan drásticos. Como representó el director húngaro Bèla Tarr en su película “El caballo de Turín”, donde el día a día era comer una patata cocida, arar el campo, y volver a comer una patata cocida.

En lugar de centrarnos en momentos ancestrales, sería conveniente mirar nuestro aquí y ahora, y saber disfrutar de ello. Tenemos un sin fin de posibilidades, aficiones, y campos abiertos a descubrir todo lo que uno se proponga. Lo importante, saber disfrutar de ello.

Y podríamos pensar, ya, pero es que a mi no se me da bien la fotografía, pintar, o practicar un deporte, y no tengo el dinero suficiente para viajar u otro tipo de lujos. Nadie habló de que la felicidad estuviera en el consumismo. De hecho, apostaría por todo lo contrario. Pocas cosas aportan más que una buena conversación, y es completamente gratis. Quizás lo que habría que preocuparse es de saber tener esas conversaciones y codearse con quién tenga aptitudes para resultar un buen conversador.

Y qué me dices del mero hecho de contemplar. Considero que hay pocas personas que no se queden admirando un paisaje descomunal. Pues bien, intentemos encontrar eso en cualquier momento, en cualquier espacio. Los juegos que nos proporciona la luz, los colores, los olores o una brisa. Hay tantas cosas dignas de ser admiradas y apreciadas, que si nos detuviéramos unos instantes a sentir, contemplar, descubriríamos un raudales de emociones que podemos llegar a sentir.

Pon un poco el freno a tu vida diaria. No te quedes en tu forma de comer una patata cocida, arar el campo y volver a comer una patata. Descubre todo lo que hay en ti, en tu alrededor, en los demás, y disfruta de cada momento.

No hay momento más bello que el que estás viviendo ahora, si sabes cómo vivirlo.

De la nostalgia
* indicates required

6 comentario

Siempre he pensado q la mejor época para vivir es ésta.
Venga, a disfrutar cada momento!, cada oportunidad que te da la vida.

Esa es la actitud!

A mi lo que me gustaría es ser superman o ver en el cielo Saturno y sus satélites.

Concretamente cuatro jejeje 😛

Yo en mi próxima reencarnación quiero ser perro o formar parte de una constelación, seguro que la vista debe ser impresionante y no habrá nadie que te quita la vista 😀

Pero un poco aburrido todo el rato parada…mejor perro jajaja

Deja un comentario