Reflexiones

La importancia del tiempo para una vida plena y feliz

La importancia del tiempo para una vida plena y feliz

Si hay algo que me llevo de Londres es lo claro que me ha quedado la importancia de tener tiempo libre y lo que hacer con él. Para mi ha sido un nuevo estilo de vida, luego más adelante explico por qué digo esto. Como esta ciudad es tan cambiante, he tenido jornadas laborales más largas y más cortas, y sé la diferencia que supone tener más tiempo libre a no tenerlo.

En esta cultura donde está tan implantado el dinero, escribo este post para que reflexionemos si verdaderamente eso está por encima de tu vida, que al fin y al cabo es tu tiempo, y te doy algunos consejos sobre cómo ir ganando ese preciado tan valioso que a veces dejamos descuidado. Y si te convenzo lo suficiente puede que pases de preguntar ¿Cuánto ganas? A preguntar ¿Cuánto tiempo libre tienes? 😉

1. ¿Por qué es tan importante el tiempo?

La respuesta a esto es muy simple el dinero se puede ganar, el tiempo no. El tiempo es lo único que pasa y no vuelve. Puedes tomar decisiones que sean equivocadas y rectificar, puedes tener más conocimientos o habilidades en lo que sea si te lo propones, pero el tiempo por mucho que sepas o por mucho que tengas no vuelve.

Lo bueno del tiempo es que, a priori, todos nacemos con él, da igual lo ricos o pobres que seamos. Somos nosotros los que con nuestras decisiones vamos ocupándolo. Por esto es de vital importancia seleccionar en qué quieres emplear ese preciado tiempo que te ha sido regalado.

2. ¿Cómo ahorrar tiempo en las tareas del día a día?

Vale, el tiempo es importante. Pero también lo es una buena vida y sana. Si comes pizza porque es muy rápido de hacer, te vas a hacer daño a la larga en tu cuerpo, y tu tiempo se acortará más tarde o más temprano por las enfermedades que supone no tener una vida saludable.

Así que, hay que buscar un balance que te permita dedicarle un tiempo a esas tareas más pesadas pero que sea el mínimo posible.

Por ejemplo, a la hora de cocinar haz grandes cantidades, de manera que se pueda congelar o te dure para varios días. De esta manera si un día llegas cansado y no te apetece lo único que tienes que hacer es abrir el congelador y descongelar lo que te apetezca.

En cuanto a la limpieza, no hay otro secreto que tener pocas cosas y ensuciar poco. Cuanta menos ropa tengas menos tiempo tendrás que dedicar a limpiarla, plancharla y ordenarla. Lo mismo con los elementos decorativos. Si tu estantería está llena de cosas, limpiar el polvo va a ser mucho más pesado que si optamos por tenerla libre. Y si cuando llegues a casa, en vez de dejar el abrigo de cualquier manera, lo dejas en su sitio, te será mucho más fácil mantener un orden en casa (esto sé que cuesta muchísimo, yo soy muy desordenada también, pero piensa que es algo que te cuesta un minuto o menos y hace que tu casa se vea mejor y no tengas que pegarte una paliza un día a recoger todo).

Truco de limpieza y orden

Selecciona las cosas que realmente quieres tener y deshazte de lo que ya no te guste o ya no te sirva.

Esto no es más que el famoso método Marie Kondo que tanto está de moda ahora. Si no sabes lo que es, te dejo su libro y vídeos para que te vayas enterando. Es muy radical en algunas cosas, pero está bien leerlo para aplicar las cosas a tu manera y a tu estilo de vida.

3. El tiempo en el trabajo

Nos guste o no pertenecemos a una sociedad capitalista, con sus cosas buenas y sus cosas malas. Lo malo es que para todo se necesita dinero, lo que nos hace necesitar un trabajo, que yo diría que es el 90% del problema de la infelicidad en el mundo.

Desde que tengo memoria todos me han dicho que me tenía que buscar un trabajo que me haga feliz para que “no tengas que trabajar en toda tu vida”. Basándose en que si te gusta y te hace feliz, no lo sentirás como trabajo. Pero no han tenido en cuenta que en la vida no es todo como uno quiere, que todo tiene su lado malo, y yo aún no he encontrado nada que me motive lo suficiente para dedicarle 40 horas a la semana (lo digo porque es la jornada laboral completa por ley en España). Porque en todos los trabajos del mundo tienes que soportar a un jefe, sea el que sea (si eres autónomo, tu jefe será el cliente) y porque todos los trabajos tienen algo malo que con el paso de los años va quemando y quemando aún más.

En Londres he tenido la oportunidad de probar diferentes turnos en el trabajo y resulta que trabajando 8 horas 3 días a la semana en una tienda (que nada tenía que ver con lo que yo me había planteado como mi trabajo ideal) he sido más feliz y he hecho muchísimas más cosas en mi tiempo libre que trabajando 5 días en España de algo que más o menos tenía que ver con lo que había estudiado (no era exactamente pero se acercaba bastante más que la tienda).

Esto ha hecho que cambie mi modo de pensar, para mi una jornada laboral de 40 horas queda descartada sea del trabajo que sea. Y más cuando implica una rutina, de x días x horas todos los días lo mismo. Eso acaba con la cabeza de cualquiera. Llegas de trabajar sin ganas, sin ilusiones, simplemente pensando que al día siguiente te toca otra vez más de lo mismo.

Yo prefiero mil veces un trabajo que me deje mucho tiempo libre, aunque gane menos que con uno de 40, y bajar mi nivel de vida. Y ese tiempo libre dedicarlo a mi pareja, a mi familia, a mi misma, a mis aficiones…a vivir.

A la hora de elegir un trabajo, no dejes de calcular lo que ganas por hora y el tiempo libre que te deja. El trabajo con el que más ganes y más tiempo te deje, ese será tu caballo ganador.

4. El tiempo como valor: reduce tu nivel de vida.

Deja de pensar en el tiempo como los minutos y los segundos. Calcula lo que ganas a la hora y cuando vayas a comprar algo reflexiona cuánto tiempo te ha costado ganar el dinero para comprar eso que tienes en la mano. ¿De verdad piensas que esa camiseta vale un día o una hora de tu tiempo? Si es que sí, adelante. Si es que no, es que quizá era algo innecesario.

Esto se aplica no sólo a lo que compramos, sino a nuestro estilo de vida. El lugar donde vivamos, lo lejos que esté del trabajo, si seleccionamos ir en coche o en transporte público…todo hará que al final de mes necesites más o menos dinero. Cuanto más barata sea la vida (alquiler, compra, transporte, etc) y menos cosas necesites, menos te hará falta a final de mes, lo que te dará más libertad.

Piensa en las cosas que te hacen felices e invierte en ellas, ¿Qué prefieres viajar o comprar un coche? ¿Comer en un restaurante 5 estrellas o un ordenador nuevo? No hay respuestas malas ni buenas, se trata simplemente de hacer una selección. Cuantas menos cosas necesites para ser feliz, menos tiempo tendrás que dedicar a ganar el dinero para ellas.

Pero ojo, no se trata de ser un tacaño, no comas una zanahoria si lo que te apetece es un buen filete. Porque al final con la zanahoria vas a estar amargado y pensando en lo rico que estaría el filete. Si inviertes bien en lo que quieres, no estarás anhelando nada porque ya tienes lo que te hace feliz.

5. Tiempo para relacionarse

Como ya hemos dicho, el tiempo es algo caduco. Entonces igual que seleccionas bien en qué gastas el dinero para no tener que trabajar conseguirlo, ¿Por qué no seleccionar tus amistades? (la familia o los compañeros de trabajo ya es más complicado) Si esa persona te hace sentir mal de alguna manera, siempre acabáis discutiendo o sólo te aporta cosas negativas, aléjate. Es un tiempo precioso que podrías dedicar a otra persona por la que sí sientas afecto o a ti mismo.

6. Tiempo a uno mismo

El punto anterior, me lleva a este. Diría que el más olvidado y el más importante. Es muy bonito estar con la familia y los amigos, pero con la persona que tienes que contar es contigo. Porque el secreto de todo esto, es que si no te encuentras bien contigo mismo, da igual lo que tengas y da igual con quien estés, nunca vas a estar satisfecho.

  • Cuida tu cuerpo

Sólo tenemos un cuerpo y no lo podemos cambiar, porque si lo hicieras ya no serías tú. Acéptate con tus virtudes y tus defectos, aliméntate bien y haz algo de ejercicio.

  • Cuida tu mente

Ya lo decían los griegos “Mente sana en cuerpo sano”. Párate un tiempo a reflexionar, en qué punto estás en tu vida, en si eres feliz, si hay algo que desearías cambiar…pero también nútrela. La mente, al igual que el cuerpo, necesita actividad. Lee novelas o temas que te interesen, aprende algo nuevo, escribe, pinta, colorea…lo que sea, pero mantén activo ese motor tan importante en nosotros. Hablo de la mente y el conocimiento mucho más extensamente en este otro post.

¿Y tú qué piensas de todo esto? ¿Tienes mucho tiempo libre? ¿En qué lo empleas? No dudes en ponerlo en comentarios. Y si te ha encantado el post, pues no seas egoísta y compártelo 😉

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De la nostalgia

De la nostalgia

¿Quién no ha soñado alguna vez con vivir en alguna época pasada? La Francia de los artistas parisinos, La generación del 27, la Atenas de los grandes pensadores, el medievo o alguna otra fantasía.

Es normal que a veces enfoquemos nuestros pensamientos en sucesos anteriores, sobre todo cuando se es libre pensante, o se tienen aptitudes artísticas. Además, hay que tener muy en cuenta toda la información que se transmite a través del cine, donde nos presentan un pasado con hermosas historias de amor, paisajes preciosistas revestidos de personajes encantadores, o en ciertas ocasiones, algún que otro héroe que te hace emanar ese deseo de estar en una situación pareja a la que se nos muestra.

Pero las películas son sólo eso, un subconjunto de imágenes con una propuesta por parte de gente creativa. Si nos fuéramos a quien hace un cine más peculiar, más alejado de lo comercial, y que han tocado temas pasados, veríamos otro tipo de enfoque, posiblemente más cercanos a la realidad, puesto que las hazañas que se presentan en los ejemplos anteriores poco tienen que ver con la vida cotidiana de cualquier antepasado. Y si nos fijáramos más en cómo podría ser esa cotidianeidad es cuando podríamos acertar a valorar lo que somos actualmente y lo que podemos ser.

Tenemos a nuestro alcance múltiples opciones, y cada uno posee en cierta medida la libertad para poder hacer uso de ellas.

¿Una vida pasada?, ¿Cuál?, ¿Tal vez la de un esclavo que imploraba no ser fustigado cada día, o la de cualquier mujer que no representaba absolutamente nada y que en el mejor de los casos su único sino era casarse y tener hijos, algún contagiado por la peste o la tuberculosis quizás? Y no habría que ser tan drásticos. Como representó el director húngaro Bèla Tarr en su película “El caballo de Turín”, donde el día a día era comer una patata cocida, arar el campo, y volver a comer una patata cocida.

En lugar de centrarnos en momentos ancestrales, sería conveniente mirar nuestro aquí y ahora, y saber disfrutar de ello. Tenemos un sin fin de posibilidades, aficiones, y campos abiertos a descubrir todo lo que uno se proponga. Lo importante, saber disfrutar de ello.

Y podríamos pensar, ya, pero es que a mi no se me da bien la fotografía, pintar, o practicar un deporte, y no tengo el dinero suficiente para viajar u otro tipo de lujos. Nadie habló de que la felicidad estuviera en el consumismo. De hecho, apostaría por todo lo contrario. Pocas cosas aportan más que una buena conversación, y es completamente gratis. Quizás lo que habría que preocuparse es de saber tener esas conversaciones y codearse con quién tenga aptitudes para resultar un buen conversador.

Y qué me dices del mero hecho de contemplar. Considero que hay pocas personas que no se queden admirando un paisaje descomunal. Pues bien, intentemos encontrar eso en cualquier momento, en cualquier espacio. Los juegos que nos proporciona la luz, los colores, los olores o una brisa. Hay tantas cosas dignas de ser admiradas y apreciadas, que si nos detuviéramos unos instantes a sentir, contemplar, descubriríamos un raudales de emociones que podemos llegar a sentir.

Pon un poco el freno a tu vida diaria. No te quedes en tu forma de comer una patata cocida, arar el campo y volver a comer una patata. Descubre todo lo que hay en ti, en tu alrededor, en los demás, y disfruta de cada momento.

No hay momento más bello que el que estás viviendo ahora, si sabes cómo vivirlo.

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¿Qué futuro les espera?

¿Qué futuro les espera?

Tenemos que hablar menos y comunicarnos más

Esta frase me la dijo mi tía una vez y qué razón tiene en sus palabras. Cuántas veces no ha habido malentendidos porque uno pensaba que le otro pensaba porque había comentado una vez… Nos cuesta mucho hablar de nuestros sentimientos o hablar claro de un tema, preferimos no decir nada o darle vueltas sin llegar a nada concreto.

Pero no fue hasta que leí un artículo que me di cuenta de la gravedad de esto. En el artículo comentaban que lo “nuevo” en las relaciones más jóvenes era que en vez de cortar desaparecían, creo que lo llamaban “ghosting”. ¿Tanto nos cuesta hablar que preferimos desaparecer sin tener en cuenta que esto puede hacer más daño que te dejen directamente?

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Sor Juana Inés de la Cruz

Sor Juana Inés de la Cruz

Filósofa, ensayista, pensadora, escritora….y monja. Su verdadero nombre es Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, pero luego se la conocería por un nombre mucho más fácil de recordar, Juana Inés de la Cruz. Con la fecha de nacimiento los historiadores no se ponen de acuerdo, pero creo que es lo menos importante. Parece que la fecha más “fiable” es el 12 de noviembre de 1648 y falleció a causa de la peste el 17 de abril de 1695. Nació en lo que llamaban “Nueva España”, hoy conocida como Sudamérica, más concretamente en San Miguel Nepantl.

Con la descripción que he dado al principio de ella ya es absoluta merecedora de ocupar un espacio en el blog, pero es que además fue una defensora de que la mujer también tenía derecho al conocimiento. Algunos, los más envidiosos a mi parecer, dicen que fue su puro egoísmo y no el feminismo lo que le llevaba a defender esto. En fin, que según ellos a Juana Inés le daba igual que las mujeres estudiaran o no, sino lo que quería es defender su derecho propio. Aunque así fuera, me parece totalmente admirable que una mujer en el 1600 defendiera su derecho al conocimiento, pero es que aún conservamos poemas que ella escribió y entre ellos está este:

Hombres necios que acusáis 
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis: Seguir leyendo →

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Cuento de Navidad

Cuento de Navidad

Nerea escuchó un ruido en la cocina, estaba muy entusiasmada porque era su primer día de vacaciones y quería aprovechar los días al máximo. Encima la profesora había sido buena y no había mandado muchos deberes, sólo una redacción bajo la pregunta “¿Qué es para ti la navidad?”, que a Nerea le parecía facilísimo contestar, así que eso significaba un montón de días libres para jugar y divertirse. Cuando bajó, encontró a su madre con los pelos enmarañados, la legaña en el ojo y ojeras gigantes.

– ¿Ya estás despierta mamá? ¡Qué bien! ¿Cuándo nos vamos a ver el cortilandia?

– Tengo mucho que hacer, vuelve a la cama que es muy pronto.

– Pero no tengo sueño.

– ¿Quieres desayunar?

– No tengo hambre.

– Pues vete a la habitación a hacer lo que sea, mamá está ocupada.

– ¿Y qué haces?

– Cocinar

– ¿Vamos a comer todo eso?–preguntó la niña con los ojos como platos.

– No, es para hoy, mañana y pasado. Así mañana puedo dedicarme por entero a cocinar la cena de nochebuena sin preocuparme por más comidas.

Esto a Nerea no le gustó mucho, no veía mucho tiempo libre para jugar con tan apretada agenda.

– ¿Y cuándo podremos salir a dar una vuelta?

– Cuando termine.

– ¿Es como los deberes de clase? ¿que hasta que no los termino no puedo salir?

– Exactamente.

Nerea se fue algo triste a su habitación. No sabía que su madre tenía una seño que le mandara deberes. Ya podían ponerse de acuerdo todas las profesoras del mundo, para mandar o no mandar deberes a todos por igual. Pero había aprendido algo nuevo que poner en su redacción, la Navidad era una época para jugar y también para cocinar mucho.

Cuando se levantó su padre, volvió a crecer la esperanza de que la llevara a cortilandia, y esta vez si se cumplió. Aunque le apenaba ver cómo su madre se quedaba en casa haciendo los deberes.

Una vez allí comprendió que no era la única que quería ver el cortilandia. Estaba lleno de gente, tanta que se llevó un montón de empujones y pisotones. Tenía miedo de perderse ante ese río de gente, así que se agarró del brazo de su padre como si fuera una roca, y no asomó la cabeza hasta que el padre le anunció que ya habían llegado.

Ella tenía una fé ciega en su padre, y si él decía que estaban allí, es que estaban allí. Pero ella no veía más que cabezas por todos lados. Por suerte, su padre la cogió en brazos y pudo ver algo mejor. Pero con tanta gente, había perdido mucho encanto aquel momento.

Cuando terminó, su padre le dijo que tenían que ir a comprar, que necesitaban más comida para mañana. A Nerea le dolía la tripa sólo de pensar en la cantidad de comida que había visto esa misma mañana en la cocina, como para encima añadirle más. “La gente tiene mucha hambre en Navidad” pensaba sin salir de su asombro.

A parte de la comida, compraron unos juguetes. Porque Papá Noel tenía mucho trabajo y les había pedido ayuda. Pensó que si Papá Noel tenía que comprar tantos regalos como comida estaba preparando su madre, necesitaba toda la ayuda del mundo. Así que no le importó ayudar, aunque ya le dolían las piernas de tanto andar.

Su padre, Pedro, tenía aspecto preocupado cuando tuvo que pagar y habló con la cajera algo de una cuesta de Enero.

– ¡No sabía que eras Alpinista!–saltó de alegría la niña cuando habían llegado al coche.– Yo también quiero subir contigo la cuesta.

– Jajajaja ¿qué cuesta hija?

– Una que hay en Enero, se lo has dicho a la cajera antes.

– Jajajajajajaja No cariño, eso es que ahora en Navidad hay muchos gastos, y eso va a hacer que Enero nos sea más difícil.

– Normal…como os entra tanta hambre.

El padre no podía parar de reír, pero ella estaba realmente preocupada por esas hambres que tanto tiempo y dinero se llevaban. Menos mal que era una vez al año…aunque quién sabe si se podía convertir en una enfermedad y poco a poco se volvían glotones. En el cole le habían dicho que en EE.UU la gente estaba muy gorda y con muchos problemas de salud, y que si no comíamos más verduras acabaríamos igual. Pero a lo mejor era porque allí siempre era Navidad. De repente aquel ejercicio que la profesora le había mandado se le empezaba a volver difícil…ya sabía ella que era demasiado bonito para ser verdad.

Cuando llegaron, su madre seguía cocinando, y su padre se puso manos a la obra también. Ella pensaba en las veces que sus padres le habían ayudado con los deberes, así que al ver que tenían tanta tarea decidió ayudar también, ya que así terminarían antes y podrían jugar. Esto de la Navidad le parecía muy cansado.

Al día siguiente sus padres estaban de mal humor. Porque venía no sé qué tío que les caía mal. Eso ya si que no tenía ni pies ni cabeza, porque si te entra hambre no lo puedes evitar, pero invitar a gente que no te cae bien a tu casa, era más que evitable. Ella nunca invitaba a los que le caían mal, sólo a sus amigos. “A lo mejor es que la Navidad tiene un efecto en los mayores que los deja tontos y no piensan las cosas” pensó intentando buscar una explicación a todo ese sinsentido.

Por supuesto ese día nada de salir, porque estuvieron todo el día limpiando, cocinando, y vistiéndose como en los días de fiesta. Aunque Nerea no veía motivo de celebración ninguno en tener que trabajar tanto y encima tener a gente que no son tus amigos en casa. Pero lo que terminó por desconcertarla es que cuando vinieron todos, incluidos ese tío, sus padres estuvieron la mar de sonrientes. Era como si no se acordaran de todo lo que habían tenido que trabajar y comprar.

Ante todo ese escenario, Nerea no podía estar más alucinada así que decidió hacer un buen reporte en el ejercicio que le mandó la profesora.

La Navidad es una enfermedad que hace que los mayores tengan mucha hambre, por lo que tienen que cocinar todo el día y se gastan mucho dinero. Así que no te deja ni un rato de tiempo libre para jugar, ya que todo se reduce en comprar, cocinar y limpiar. Y lo peor de todo, la enfermedad afecta al cerebro haciéndote creer que tienes que hacer cosas aunque no quieras, como es invitar a alguien que no te gusta a tu casa. Me gustan más los días normales, con comida normal que no hace que mis padres tengan manchas oscuras debajo de los ojos y les deja un montón de tiempo para jugar conmigo, aunque en esos días no tenga regalos. Porque si no tengo tiempo para disfrutarlos, ¿para qué los quiero? Además mi padre me dijo que tiene que subir una cuesta en Enero sin ser alpinista ni nada por culpa de gastarse tanto dinero. Realmente no merece la pena. Ojalá encuentren cura para la Navidad antes de que sea demasiado tarde.

 

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¿Qué estamos haciendo?

¿Qué estamos haciendo?

Se supone que somos la especie más avanzada, la que más ha prosperado por encima de las demás. Hemos sobrevivido y nos hemos sabido adaptar a los diferentes cambios que ha habido. Por eso me cuesta tanto entender por qué rizamos tanto el rizo.

¿A qué te refieres? Me preguntaréis. Permitidme que conteste con la ayuda de un gran pensador-escritor-profesor de ciencias políticas, Carlos Taibo: Seguir leyendo →

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Dime cómo eres cuando estás solo y te diré cuán feliz eres

Dime cómo eres cuando estás solo y te diré cuán feliz eres

Parece que hay ciertos temas que nos aterran. En el post anterior tratábamos el tema de la muerte, y en este vamos a por la soledad.

Huimos de la soledad desde la infancia. Todos queremos integrarnos en el colegio y tener amigos, y eso no cambia con los años. El solitario es el perdedor, el triste, el abandonado, el que nadie quiere, etc. Si vemos a alguien solo yendo al cine o en un restaurante pensamos “pobrecito”.

Permitidme hacer un inciso, que creo que es necesario para explicar esto. ¿Os acordáis de la famosa fábula aquella de “dale un pez a alguien y comerá un día, enséñale a pescar y comerá toda la vida”? ¿No os suena bien esto de no depender de la gente? No digo que haya que huir de la gente, pero tampoco perseguirla con tal de huir de ti mismo.

Estar solo no es tan malo como parece: Seguir leyendo →

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Mi amiga. (Mini relato)

Mi amiga. (Mini relato)

Tengo una amiga de esas que siempre está a tu lado. No es de las que le gusta charlar, es más bien callada. Pero su presencia es tan fuerte que siempre la notas cuando está. Mucha gente tiene miedo de mi amiga quizá porque es un poco taciturna, pero estoy segura de que en realidad es porque no se han molestado en conocerla.

Gracias a ella valoro más lo que hay a mi alrededor, me ha enseñado a disfrutar de una puesta de sol, del olor a la hierba recién cortada, del calor en tus manos al sujetar una taza de café en el frío invierno, de la compañía de los que me importan, de sentirme agradecida de la gente que tengo aquí y ahora, y de no preocuparme por los que se quisieron alejar de mi.

Cada vez que la miro a los ojos, me recuerda que mi única preocupación debe ser la de estar a gusto conmigo misma, de quererme, de ser feliz con lo que tengo y no pensar en otro tiempo verbal que no sea el presente.

Mi amiga me dice que disfrute de todo lo que puedo ver y tocar, pues habrá un día que ya no pueda. Que preocuparse no vale de nada. Siempre me dice que o haga algo para solucionarlo, o si no se puede solucionar, disfrute del tiempo de otra manera. Porque el tiempo que gastas jamás vuelve, y éste tiene fecha de caducidad. Gracias a ella, hago las cosas en el momento, y no digo aquello de “lo haré cuando pase esto o lo otro”, porque las cosas a veces no ocurren como queremos. Me anima a estar en movimiento, a aprender, a mejorar, a estar viva…

Me entristece que la gente no escuche a mi amiga y no disfrute de la vida, que al fin y al cabo ése es el mensaje que quiere lanzar. Pero huyen aterrados cada vez que ella intenta hablarles o se hacen los sordos.

Yo a mi amiga la llamo Tiempo…otros, en cambio, la llaman Muerte.

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Dejar huella. Mejora tu alrededor

Dejar huella. Mejora tu alrededor

Normalmente escribo sobre consejos, cosas que me parecen útiles para hacernos la vida más fácil o cosas que son todo lo contrario y por eso hay que evitarlas. Pero hoy me apetece hacer una reflexión.

Últimamente, en mi afán por seguir aprendiendo y seguir creciendo tanto como persona como en conocimiento, decidí empezar a ver más documentales. Empecé con la historia del arte, pero cuando hablaron de la época griega y romana, me llamó la atención así que vi documentales de esa época específica.

En el documental decían que todo lo que hacían, todos esos monumentos tan grandiosos, incluso acompañados de escritos de “aquí estuvo tal emperador”, “este otro reinó de tal a tal año”, etc, lo hacían por el enorme deseo de dejar huella, de ser recordados. Y creo que todos tenemos ese pequeño deseo, aunque sea minúsculo, pero queremos sentirnos importantes, queremos pensar que el estar o no estar sí tiene una diferencia. Que aportamos algo, aunque sea a pequeña escala. Seguir leyendo →

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Disfruta del camino

Disfruta del camino

Estuve quince días de vacaciones, de los cuáles seis empleé en hacer el camino de Santiago con mi familia desde Ferrol. No tuve ninguna epifanía en ese momento, no cambié, no encontré el sentido de la vida, ni nada parecido a lo que se suele decir. Quizá es porque hay que hacerlo sola, o quizá porque eso de pensar conmigo misma yo lo hago a diario. Aún así lo disfruté muchísimo, compartir un momento con mi familia, hablando, riendo y después ¡comer! (después del ejercicio la comida siempre sabe mejor, eso está demostrado no sé si científicamente, pero yo lo tengo confirmado, y si encima es en una localidad como Galicia y vas a restaurantes típicos de allí el disfrute está asegurado).

Hicimos una media de veinte kilómetros, que eso para un peregrino es nada y menos, y dormíamos en hoteles, con lo cuál como peregrinos estamos ya condenados al infierno. La gente llegaba a Santiago con los pies destrozados por hacer más kilómetros de los que puede o a un ritmo que no está acostumbrado, desencajados del cansancio, y por supuesto, dormía en albergues en los que no descansaban bien (dicho por ellos) o con dudosa higiene. Y yo no puedo dejar de hacerme una pregunta: Seguir leyendo →

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