Reflexiones

¿Qué futuro les espera?

¿Qué futuro les espera?

Tenemos que hablar menos y comunicarnos más

Esta frase me la dijo mi tía una vez y qué razón tiene en sus palabras. Cuántas veces no ha habido malentendidos porque uno pensaba que le otro pensaba porque había comentado una vez… Nos cuesta mucho hablar de nuestros sentimientos o hablar claro de un tema, preferimos no decir nada o darle vueltas sin llegar a nada concreto.

Pero no fue hasta que leí un artículo que me di cuenta de la gravedad de esto. En el artículo comentaban que lo “nuevo” en las relaciones más jóvenes era que en vez de cortar desaparecían, creo que lo llamaban “ghosting”. ¿Tanto nos cuesta hablar que preferimos desaparecer sin tener en cuenta que esto puede hacer más daño que te dejen directamente?

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Sor Juana Inés de la Cruz

Sor Juana Inés de la Cruz

Filósofa, ensayista, pensadora, escritora….y monja. Su verdadero nombre es Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, pero luego se la conocería por un nombre mucho más fácil de recordar, Juana Inés de la Cruz. Con la fecha de nacimiento los historiadores no se ponen de acuerdo, pero creo que es lo menos importante. Parece que la fecha más “fiable” es el 12 de noviembre de 1648 y falleció a causa de la peste el 17 de abril de 1695. Nació en lo que llamaban “Nueva España”, hoy conocida como Sudamérica, más concretamente en San Miguel Nepantl.

Con la descripción que he dado al principio de ella ya es absoluta merecedora de ocupar un espacio en el blog, pero es que además fue una defensora de que la mujer también tenía derecho al conocimiento. Algunos, los más envidiosos a mi parecer, dicen que fue su puro egoísmo y no el feminismo lo que le llevaba a defender esto. En fin, que según ellos a Juana Inés le daba igual que las mujeres estudiaran o no, sino lo que quería es defender su derecho propio. Aunque así fuera, me parece totalmente admirable que una mujer en el 1600 defendiera su derecho al conocimiento, pero es que aún conservamos poemas que ella escribió y entre ellos está este:

Hombres necios que acusáis 
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis: Continue reading →

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Cuento de Navidad

Cuento de Navidad

Nerea escuchó un ruido en la cocina, estaba muy entusiasmada porque era su primer día de vacaciones y quería aprovechar los días al máximo. Encima la profesora había sido buena y no había mandado muchos deberes, sólo una redacción bajo la pregunta “¿Qué es para ti la navidad?”, que a Nerea le parecía facilísimo contestar, así que eso significaba un montón de días libres para jugar y divertirse. Cuando bajó, encontró a su madre con los pelos enmarañados, la legaña en el ojo y ojeras gigantes.

– ¿Ya estás despierta mamá? ¡Qué bien! ¿Cuándo nos vamos a ver el cortilandia?

– Tengo mucho que hacer, vuelve a la cama que es muy pronto.

– Pero no tengo sueño.

– ¿Quieres desayunar?

– No tengo hambre.

– Pues vete a la habitación a hacer lo que sea, mamá está ocupada.

– ¿Y qué haces?

– Cocinar

– ¿Vamos a comer todo eso?–preguntó la niña con los ojos como platos.

– No, es para hoy, mañana y pasado. Así mañana puedo dedicarme por entero a cocinar la cena de nochebuena sin preocuparme por más comidas.

Esto a Nerea no le gustó mucho, no veía mucho tiempo libre para jugar con tan apretada agenda.

– ¿Y cuándo podremos salir a dar una vuelta?

– Cuando termine.

– ¿Es como los deberes de clase? ¿que hasta que no los termino no puedo salir?

– Exactamente.

Nerea se fue algo triste a su habitación. No sabía que su madre tenía una seño que le mandara deberes. Ya podían ponerse de acuerdo todas las profesoras del mundo, para mandar o no mandar deberes a todos por igual. Pero había aprendido algo nuevo que poner en su redacción, la Navidad era una época para jugar y también para cocinar mucho.

Cuando se levantó su padre, volvió a crecer la esperanza de que la llevara a cortilandia, y esta vez si se cumplió. Aunque le apenaba ver cómo su madre se quedaba en casa haciendo los deberes.

Una vez allí comprendió que no era la única que quería ver el cortilandia. Estaba lleno de gente, tanta que se llevó un montón de empujones y pisotones. Tenía miedo de perderse ante ese río de gente, así que se agarró del brazo de su padre como si fuera una roca, y no asomó la cabeza hasta que el padre le anunció que ya habían llegado.

Ella tenía una fé ciega en su padre, y si él decía que estaban allí, es que estaban allí. Pero ella no veía más que cabezas por todos lados. Por suerte, su padre la cogió en brazos y pudo ver algo mejor. Pero con tanta gente, había perdido mucho encanto aquel momento.

Cuando terminó, su padre le dijo que tenían que ir a comprar, que necesitaban más comida para mañana. A Nerea le dolía la tripa sólo de pensar en la cantidad de comida que había visto esa misma mañana en la cocina, como para encima añadirle más. “La gente tiene mucha hambre en Navidad” pensaba sin salir de su asombro.

A parte de la comida, compraron unos juguetes. Porque Papá Noel tenía mucho trabajo y les había pedido ayuda. Pensó que si Papá Noel tenía que comprar tantos regalos como comida estaba preparando su madre, necesitaba toda la ayuda del mundo. Así que no le importó ayudar, aunque ya le dolían las piernas de tanto andar.

Su padre, Pedro, tenía aspecto preocupado cuando tuvo que pagar y habló con la cajera algo de una cuesta de Enero.

– ¡No sabía que eras Alpinista!–saltó de alegría la niña cuando habían llegado al coche.– Yo también quiero subir contigo la cuesta.

– Jajajaja ¿qué cuesta hija?

– Una que hay en Enero, se lo has dicho a la cajera antes.

– Jajajajajajaja No cariño, eso es que ahora en Navidad hay muchos gastos, y eso va a hacer que Enero nos sea más difícil.

– Normal…como os entra tanta hambre.

El padre no podía parar de reír, pero ella estaba realmente preocupada por esas hambres que tanto tiempo y dinero se llevaban. Menos mal que era una vez al año…aunque quién sabe si se podía convertir en una enfermedad y poco a poco se volvían glotones. En el cole le habían dicho que en EE.UU la gente estaba muy gorda y con muchos problemas de salud, y que si no comíamos más verduras acabaríamos igual. Pero a lo mejor era porque allí siempre era Navidad. De repente aquel ejercicio que la profesora le había mandado se le empezaba a volver difícil…ya sabía ella que era demasiado bonito para ser verdad.

Cuando llegaron, su madre seguía cocinando, y su padre se puso manos a la obra también. Ella pensaba en las veces que sus padres le habían ayudado con los deberes, así que al ver que tenían tanta tarea decidió ayudar también, ya que así terminarían antes y podrían jugar. Esto de la Navidad le parecía muy cansado.

Al día siguiente sus padres estaban de mal humor. Porque venía no sé qué tío que les caía mal. Eso ya si que no tenía ni pies ni cabeza, porque si te entra hambre no lo puedes evitar, pero invitar a gente que no te cae bien a tu casa, era más que evitable. Ella nunca invitaba a los que le caían mal, sólo a sus amigos. “A lo mejor es que la Navidad tiene un efecto en los mayores que los deja tontos y no piensan las cosas” pensó intentando buscar una explicación a todo ese sinsentido.

Por supuesto ese día nada de salir, porque estuvieron todo el día limpiando, cocinando, y vistiéndose como en los días de fiesta. Aunque Nerea no veía motivo de celebración ninguno en tener que trabajar tanto y encima tener a gente que no son tus amigos en casa. Pero lo que terminó por desconcertarla es que cuando vinieron todos, incluidos ese tío, sus padres estuvieron la mar de sonrientes. Era como si no se acordaran de todo lo que habían tenido que trabajar y comprar.

Ante todo ese escenario, Nerea no podía estar más alucinada así que decidió hacer un buen reporte en el ejercicio que le mandó la profesora.

La Navidad es una enfermedad que hace que los mayores tengan mucha hambre, por lo que tienen que cocinar todo el día y se gastan mucho dinero. Así que no te deja ni un rato de tiempo libre para jugar, ya que todo se reduce en comprar, cocinar y limpiar. Y lo peor de todo, la enfermedad afecta al cerebro haciéndote creer que tienes que hacer cosas aunque no quieras, como es invitar a alguien que no te gusta a tu casa. Me gustan más los días normales, con comida normal que no hace que mis padres tengan manchas oscuras debajo de los ojos y les deja un montón de tiempo para jugar conmigo, aunque en esos días no tenga regalos. Porque si no tengo tiempo para disfrutarlos, ¿para qué los quiero? Además mi padre me dijo que tiene que subir una cuesta en Enero sin ser alpinista ni nada por culpa de gastarse tanto dinero. Realmente no merece la pena. Ojalá encuentren cura para la Navidad antes de que sea demasiado tarde.

 

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¿Qué estamos haciendo?

¿Qué estamos haciendo?

Se supone que somos la especie más avanzada, la que más ha prosperado por encima de las demás. Hemos sobrevivido y nos hemos sabido adaptar a los diferentes cambios que ha habido. Por eso me cuesta tanto entender por qué rizamos tanto el rizo.

¿A qué te refieres? Me preguntaréis. Permitidme que conteste con la ayuda de un gran pensador-escritor-profesor de ciencias políticas, Carlos Taibo: Continue reading →

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Dime cómo eres cuando estás solo y te diré cuán feliz eres

Dime cómo eres cuando estás solo y te diré cuán feliz eres

Parece que hay ciertos temas que nos aterran. En el post anterior tratábamos el tema de la muerte, y en este vamos a por la soledad.

Huimos de la soledad desde la infancia. Todos queremos integrarnos en el colegio y tener amigos, y eso no cambia con los años. El solitario es el perdedor, el triste, el abandonado, el que nadie quiere, etc. Si vemos a alguien solo yendo al cine o en un restaurante pensamos “pobrecito”.

Permitidme hacer un inciso, que creo que es necesario para explicar esto. ¿Os acordáis de la famosa fábula aquella de “dale un pez a alguien y comerá un día, enséñale a pescar y comerá toda la vida”? ¿No os suena bien esto de no depender de la gente? No digo que haya que huir de la gente, pero tampoco perseguirla con tal de huir de ti mismo.

Estar solo no es tan malo como parece: Continue reading →

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Mi amiga. (Mini relato)

Mi amiga. (Mini relato)

Tengo una amiga de esas que siempre está a tu lado. No es de las que le gusta charlar, es más bien callada. Pero su presencia es tan fuerte que siempre la notas cuando está. Mucha gente tiene miedo de mi amiga quizá porque es un poco taciturna, pero estoy segura de que en realidad es porque no se han molestado en conocerla.

Gracias a ella valoro más lo que hay a mi alrededor, me ha enseñado a disfrutar de una puesta de sol, del olor a la hierba recién cortada, del calor en tus manos al sujetar una taza de café en el frío invierno, de la compañía de los que me importan, de sentirme agradecida de la gente que tengo aquí y ahora, y de no preocuparme por los que se quisieron alejar de mi.

Cada vez que la miro a los ojos, me recuerda que mi única preocupación debe ser la de estar a gusto conmigo misma, de quererme, de ser feliz con lo que tengo y no pensar en otro tiempo verbal que no sea el presente.

Mi amiga me dice que disfrute de todo lo que puedo ver y tocar, pues habrá un día que ya no pueda. Que preocuparse no vale de nada. Siempre me dice que o haga algo para solucionarlo, o si no se puede solucionar, disfrute del tiempo de otra manera. Porque el tiempo que gastas jamás vuelve, y éste tiene fecha de caducidad. Gracias a ella, hago las cosas en el momento, y no digo aquello de “lo haré cuando pase esto o lo otro”, porque las cosas a veces no ocurren como queremos. Me anima a estar en movimiento, a aprender, a mejorar, a estar viva…

Me entristece que la gente no escuche a mi amiga y no disfrute de la vida, que al fin y al cabo ése es el mensaje que quiere lanzar. Pero huyen aterrados cada vez que ella intenta hablarles o se hacen los sordos.

Yo a mi amiga la llamo Tiempo…otros, en cambio, la llaman Muerte.

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Dejar huella. Mejora tu alrededor

Dejar huella. Mejora tu alrededor

Normalmente escribo sobre consejos, cosas que me parecen útiles para hacernos la vida más fácil o cosas que son todo lo contrario y por eso hay que evitarlas. Pero hoy me apetece hacer una reflexión.

Últimamente, en mi afán por seguir aprendiendo y seguir creciendo tanto como persona como en conocimiento, decidí empezar a ver más documentales. Empecé con la historia del arte, pero cuando hablaron de la época griega y romana, me llamó la atención así que vi documentales de esa época específica.

En el documental decían que todo lo que hacían, todos esos monumentos tan grandiosos, incluso acompañados de escritos de “aquí estuvo tal emperador”, “este otro reinó de tal a tal año”, etc, lo hacían por el enorme deseo de dejar huella, de ser recordados. Y creo que todos tenemos ese pequeño deseo, aunque sea minúsculo, pero queremos sentirnos importantes, queremos pensar que el estar o no estar sí tiene una diferencia. Que aportamos algo, aunque sea a pequeña escala. Continue reading →

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Disfruta del camino

Disfruta del camino

Estuve quince días de vacaciones, de los cuáles seis empleé en hacer el camino de Santiago con mi familia desde Ferrol. No tuve ninguna epifanía en ese momento, no cambié, no encontré el sentido de la vida, ni nada parecido a lo que se suele decir. Quizá es porque hay que hacerlo sola, o quizá porque eso de pensar conmigo misma yo lo hago a diario. Aún así lo disfruté muchísimo, compartir un momento con mi familia, hablando, riendo y después ¡comer! (después del ejercicio la comida siempre sabe mejor, eso está demostrado no sé si científicamente, pero yo lo tengo confirmado, y si encima es en una localidad como Galicia y vas a restaurantes típicos de allí el disfrute está asegurado).

Hicimos una media de veinte kilómetros, que eso para un peregrino es nada y menos, y dormíamos en hoteles, con lo cuál como peregrinos estamos ya condenados al infierno. La gente llegaba a Santiago con los pies destrozados por hacer más kilómetros de los que puede o a un ritmo que no está acostumbrado, desencajados del cansancio, y por supuesto, dormía en albergues en los que no descansaban bien (dicho por ellos) o con dudosa higiene. Y yo no puedo dejar de hacerme una pregunta: Continue reading →

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El sol proporciona felicidad

El sol proporciona felicidad

¿Os acordáis? Cuando no salíais por el frío que hacía, cuando todo daba muchísima más pereza, cuando ibas a trabajar a regañadientes con la cabeza escondida en la bufanda… Y de repente, un día empezó a hacer sol y las cabezas salían de sus escondites, cada vez nos íbamos liberando de más ropa y sin saber por qué estábamos más contentos. También había que ir a trabajar, pero no es lo mismo salir con -3 grados que con 15 (si es que tienes que salir por la mañana, si sales más tarde, mejor todavía).

No sé si os pasa a vosotros también, pero a mi me mejora el humor cuando salgo y el cielo está azul y el sol brillando. Dan ganas de hacer cosas, tienes más energía, estás más positiva…más viva al fin y al cabo. Como las flores cuando florecen, nosotros también nos alegramos de que el sol aparezca por fin. Continue reading →

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¿Qué tendrá la culpa que nadie la quiere?

¿Qué tendrá la culpa que nadie la quiere?

Desde niños nos avergüenza haber hecho algo mal. Quizá porque sabemos que después viene castigo o porque simplemente no nos gusta hacer las cosas mal. Pero a los niños se les permite equivocarse, es normal porque están aprendiendo. Sin embargo cuando nos hacemos mayores, creemos que por el hecho de serlo tenemos que saber todo. Y ahí es donde viene el error.

Siempre, en todo momento, estamos aprendiendo. En la infancia empezamos con cosas más básicas y a medida que avanzamos, cosas más complejas. Pero siempre aprendemos. Y el aprendizaje a veces viene de un acierto y otras veces de un fallo. Y no es uno mejor que otro. Son dos maneras distintas de aprender. Continue reading →

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